Vuelo sobre la ciudad
El miedo es instintivo, no deja suficiente espacio para pensar. Un 747 sobrevuela la ciudad seguido de un F-16 con la intención de tomar fotos teniendo de fondo una estatua y la reacción inmediata del sistema limbico es huir, pelear o rendirse. Como en ocasiones anteriores ha muerto gente, edificios son evacuados mientras las líneas telefónicas se saturan. La ciudad que nunca duerme es una ciudad que nunca olvidará.
Favores ajenos
El dia en que cerraron los accesos a la ciudad pasamos cinco horas juntos platicando de favores ajenos. En el camino vimos a personas con cubre bocas y le dije que yo creía que nada estaba pasando más que el temor de la gente a morir, el miedo potenciado por las decenas de programas y los cientos de noticias. Ella me creyó o tal vez pensó en todo eso como un juego, un rumor esparcido de la misma manera en la cual el virus se apoderaba gradualmente de la ciudad que recorriamos en un automovil sucio y con poca gasolina para entregar un proyector con el foco quemado después de tanto viajar.
Cuando llegamos a la casa le preparé capellini con crema y tocino. Cenamos en silencio sin saber que al día siguiente el toque de queda nos impediría volver a salir, recorrer de nuevo esas calles donde nos perdimos, donde por cinco horas pudimos platicar ella y yo acerca de los favores ajenos.