2. Punto de partida
El punto de partida siempre es un viaje, la distancia física y emocional entre la vida diaria y lo desconocido. Trenes, camiones, aviones. Un fundido en negro entre dos escenas. Los viajes se convierten en una evasión de la vida real, un alejamiento, una pausa necesaria para mantener la cordura, para pretender que todo tiene sentido, que existe cierta congruencia. Uno no cambia, cambian las circunstancias, los tiempos, se modifican las posibilidades, lo que aún puede ser diferente de lo que ya no hay manera de cambiar.
Los faros de un camión recortan la silueta de una silla en el muro que él mira. Acaba de comer una hamburguesa después de haber caminado cinco kilómetros. Aún no tiene un destino porque no tiene ningún objetivo por alcanzar. Parece que no tiene control sobre lo que le resta por hacer. Para este momento sólo tiene claro que tendrá que regresar exactamente por el camino donde llego o quizá encontrar un camino mas seguro aunque sea mucho más largo. Está cansado, le duelen los muslos, las pantorrillas y las plantas de los pies. Tiene ampollas que sería mejor reventar para evitarse la incomodidad. Nuevamente se encuentra lejos de todo lo que conoce como su vida, nuevamente con su palabra en entredicho, otra vez más, siendo cuestionado por hechos que ha olvidado o que sólo recordaría como el recuerdo de alguien más. Como un animal domesticado, en cautiverio, ha perdido la práctica, ha olvidado como cazar y aún así será inculpado por esa presa no cobrada. ¿La habría llevado en realidad a algún lugar para coger con ella, habría sido capaz de usarla?
Pieza a pieza tendrá que irse reconstruyendo, paso a paso, como si tuviera el tiempo necesario para hacerlo.
Una frase
Una frase dicha sin pensar, casi como una idea fugaz motivada por una situación ajena y provocada, se convierte, sin saber de que manera, en una mano extendida.
Lo que aprendimos hoy es que la amistad es buena y que la envidia es mala.
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